Crisis de refugiados



Los líderes de la UE han dado un positivo paso adelante al decidir compartir la responsabilidad de recibir a 120.000 solicitantes de asilo. Sin embargo, esta medida no resolverá por sí sola la emergencia humanitaria que se está produciendo a las puertas de Europa.


Haciendo oídos sordos a las sonoras alarmas de Amnistía y otras entidades, los políticos de la UE no están atajando la peor crisis de personas refugiadas y migrantes que se ha producido en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

¿Cuánto sufrimiento humano y cuántas maniobras diplomáticas harán falta aún para que los políticos de la UE se ocupen con determinación de la emergencia humanitaria que se está produciendo a las puertas de Europa?

En este mismo momento, miles de niños, niñas, mujeres y hombres se ven obligados a arriesgar la vida o a caminar, agotados, de una frontera de la fortificada UE a otra en busca de refugio.

Hace años que se viene avisando de ello: los brutales regímenes, los enconados conflictos y la enorme pobreza de Oriente Medio y África están obligando a millones de personas a migrar, dejando atrás todo lo que conocen y aman.

La mayoría de las personas refugiadas se quedan cerca de su país de origen, pero algunas intentarán buscar seguridad en Europa, pese a los miles de millones de euros que destina ésta a impedir la entrada de personas, a menudo a un coste exorbitante desde el punto de vista humano y económico.


Naufragios en el Mediterráneo


Era una combinación mortal: al principio de 2015, cuando un número cada vez mayor de personas se dirigían a Europa, la exitosa operación italiana de búsqueda y salvamento en el Mediterráneo conocida como "Mare Nostrum" llegó a su fin y fue sustituida por una iniciativa mucho más pequeña y menos eficaz de la UE

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Amnistía advirtió reiteradamente del acusado aumento del número de naufragios mortales y del peligro que corrían las frágiles y abarrotadas embarcaciones que partían de Libia con rumbo a ItaliaSin embargo, los gobiernos europeos apenas hicieron nada para ayudar, hasta el trágico fin de semana de abril en que más de 1.200 personas murieron ahogadas en dos naufragios.

Se celebraron conversaciones de emergencia, tras las que se destinaron rápidamente más buques y aviones a patrullar en alta mar y salvar a personas en dificultades. En julio se había producido ya un drástico descenso del número de muertes en el Mediterráneo. Pero al no haber rutas legales y sin riesgos, siguieron llegando barcos. En los meses de verano murieron centenares de personas, e incluso ahora sigue ahogándose gente.


Horrible bienvenida a Grecia


© Michael S Honegger

Mientras los europeos preparaban sus vacaciones estivales, advertimos de la espantosa situación de las personas que solicitaban asilo, llegadas por mar de Turquía a las islas griegas de Lesbos y Kos. Las autoridades locales no querían o no podían atender necesidades básicas como la comida, el agua, el saneamiento o la vivienda.

Los habitantes de las zonas receptoras hacían cuanto podían para ayudar a los millares de recién llegados, a pesar de que la tensión iba en aumento. Pero era evidente que el gobierno griego no podía afrontar tal afluencia y que sus vecinos de la UE sí podían hacer mucho más para ayudar.

No fue hasta el 2 septiembre, cuando apareció la fotografía de un niño de Siria de tres años, Aylan Kurdi, ahogado en una playa turca, que el deterioro de la situación recibió la atención de todo el mundo.


Primeras señales de advertencia en los Balcanes


Ya en julio informamos de que las personas refugiadas y migrantes estaban tomando peligrosas rutas para llegar al norte de Europa a través de los Balcanes, pasando por la ex República Yugoslava de Macedonia en dirección a Serbia y Hungría.

El mundo vio incrédulo cómo, en la frontera de Macedonia con Grecia, la policía antidisturbiosutilizaba granadas aturdidoras para impedir el paso a los refugiados que se dirigían a Serbia. El 21 de agosto, la frontera estaba ya cerrada y se habían traído refuerzos militares.



Entrevistamos a muchas personas, incluidas familias con niños de Siria, que llevaban días o semanas caminando, sólo para acabar atrapadas en tierra de nadie, incapaces de cruzar las fronteras legalmente, solicitar asilo e incluso conseguir alimentos o encontrar un lugar donde dormir.


ENFRENTAMIENTOS EN HUNGRÍA





A finales de agosto, la policía húngara impidió tomar trenes a los refugiados que se dirigían a Austria y Alemania. Atrapadas en la principal estación de tren de Budapest, algunas personas echaron simplemente a andar por la carretera en dirección norte, recorriendo kilómetro tras kilómetro y durmiendo a la intemperie.

A principios de septiembre, una oleada de compasión se extendió por Europa al tomar la gente conciencia con toda intensidad del horror de la muerte de Aylan Kurdi. Miles de personas que llevaban semanas en movimiento fueron recibidas con flores y globos en Alemania. Por un breve momento, Europa declaró que las personas refugiadas eran bienvenidas.

Pero al terminar Hungría de levantar en la frontera una valla de alambre de espino y penalizar la entrada ilegal, esas personas quedaron atrapadas en la frontera serbia, y la policía húngara utilizó gas lacrimógeno y medios violentos contra ellas.


Eslovenia, Croacia, ¿a dónde ahora que llega el invierno?




Una vez más,los líderes europeos mantuvieron conversaciones y, una vez más, no se pusieron de acuerdo sobre cómo abordar la crisis.

Con Hungría cerrada completamente, personas ancianas, adolescentes en silla de ruedas, enfermas de cáncer, niños y niñas que lloraban desconsolados y familias agotadas volvieron la vista a Croacia y Eslovenia.

A medida que el otoño se vuele más frío ante la llegada inminente del invierno, la necesidad de un liderazgo decisivo de la UE es más acuciante que nunca. Esta crisis no va a esfumarse. Y la alternativa a crear un sistema común y efectivo de asilo y proporcionar a las personas refugiadas rutas sin riesgos hacia un lugar seguro es dejar simplemente que la gente sufra y muera ante el alambre de espino que cierra las fronteras de Europa.

Esta perspectiva trae a la memoria imágenes de un pasado ante el que Europa dijo una vez decididamente "nunca más". Y una vez más, nuestra responsabilidad compartida y nuestra humanidad son la solución.


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