MARIELA BELSKI: “El tema género es mi lucha personal desde lo jurídico”


Por María Eugenia Sidoti

Detrás de unos lentes modernos y coloridos, se encuentran los atentos ojos verdes de Mariela Belski (44), directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina desde 2011. En su oficina ubicada sobre la calle Cerrito, en pleno centro de Buenos Aires, los afiches ocupan todas las paredes y salen al encuentro con escenas tan crudas como reales: inmigrantes, presos, refugiados, torturados y mujeres y niñas violentadas, son los rostros de ese mundo que duele y a la vez interpela a través de imágenes que no se detienen, dejando en evidencia que en la casa de todos los derechos de muchos son vulnerados todos los días.

“Movidos por la indignación que provocan los abusos contra los derechos humanos, pero también con la esperanza puesta en un mundo mejor”, aseguran trabajar los integrantes de esta organización internacional, que funciona con el aporte desinteresado de personas (no recibe dinero de gobiernos ni de empresas), a través de actividades de campaña y de debate, aun cuando las ideas a tratar resulten polémicas.

No es un sillón cómodo el que ocupa Mariela y ella lo sabe. Abogada, egresada de la UBA y con una  maestría en Derechos Humanos de la Universidad de Essex, Inglaterra, es la única mujer al frente de una organización de ese tipo en nuestro país. El costo fue alto: madre de Magda, de 10 años, muchas veces tuvo que encargarse de que a su hija no le faltaran las hojas Canson para el colegio desde el otro lado del mapa, por teléfono. “Nunca es fácil para una mujer que es madre y está divorciada. Y menos si además ocupa un puesto de liderazgo. Por eso, el tema de género es mi lucha personal desde lo jurídico”, dice este mujer que decidió hacer de su trabajo una misión destinada a defender los derechos vulnerados de otras mujeres.

−¿Cómo se traduce esa fuerte inquietud en tu realidad más próxima?

−Desde lo personal me interesa generar políticas de género dentro de la institución. Una de las directoras de área fue contratada el día antes de parir, por ejemplo, algo que no es muy habitual en el mundo laboral por estos días. Y cuando las mamás tienen que quedarse con sus chicos, se quedan. Hay una realidad: las mujeres tenemos que compatibilizar las tareas de cuidado con tareas profesionales, porque en este país todavía son prioritariamente nuestras. Como cabeza de esta organización me interesa preservar la integridad de esas mujeres. Amnistía tiene una política interna de género muy importante y la mayoría de las directoras regionales somos mujeres.

−En tu caso, sos líder de una organización de enorme demanda a nivel local e internacional. ¿Cómo se maneja tanta exigencia?

−Es cierto que ser líder en una organización como ésta es mucho sacrificio. No solo me ocupo de los temas de Argentina, sino que además asesoro al secretario general de Amnistía Internacional como representante de América Latina. Viajo muchísimo y mi desafío personal es compatibilizar este liderazgo con mi vida personal. El esfuerzo es enorme y no he llegado a muchos actos de la escuela y reuniones de padres. Pero también me ocupo de la vida de mi hija donde sea que esté: Inglaterra, Barcelona o Estados Unidos. La clave es armar una red de contención con otras mujeres, como pueden ser amigas o madres del colegio. Entonces, aunque esté al otro lado del mundo resolviendo un tema urgente, mi prioridad siempre es que mi hija esté cuidada, contenida.

−¿Qué sabe ella de tu trabajo?

−Magda entiende lo que hago y tiene una mirada de los derechos humanos y del tema género muy comprometida. Habla de la importancia de que haya mujeres en la Corte Suprema de Justicia de la Nación con argumentos sólidos, y reconoce la importancia de que hayamos tenido una presidenta mujer, a pesar de que que no priorizara temas de mujeres en su agenda política. Es natural para ella. Además tiene muchos reclamos, obviamente, pero al mismo tiempo una enorme admiración por mi tarea.

−Esa realidad de tanta exigencia, sumada a la desigualdad de oportunidades con respecto a las que tienen los varones, explica por qué faltan más mujeres en espacios de poder en nuestro país.

−Absolutamente. Lo que falta es que haya cada vez más mujeres en puestos de decisión. Históricamente hubo una ausencia muy grande por parte de los gobiernos de trabajar en materia de una agenda del cuidado. Tiene que haber una política de Estado que genere una condición de igualdad en el trabajo y en la tarea diaria, de otro modo los costos son muy altos. Y un tema fundamental es el lugar que ocupan las mujeres políticas en puestos de primer rango. La justicia está llena de mujeres, pero en la Corte Suprema se muere una mujer y ponen a un varón. Y en las reuniones de gobierno sigue habiendo mayoría de varones. Es muy fuerte la imagen: los políticos, los empresarios, los sindicalistas; son todos varones. Estamos haciendo la campaña #MujeresALaCorte para que además de que haya más juezas, varones y mujeres de la justicia comiencen a trabajar con perspectiva de género, porque las sentencias cambian la vida de la gente.

 

En el camino de la Justicia


Cuenta Mariela que cuando comenzó a estudiar Derecho, siempre supo que lo suyo sería integrar lo jurídico con lo político, ese punto de inflexión donde tiene lugar la relación entre el Estado y las personas. “Tuve la suerte de rodearme de colegas y profesionales que habían estudiando afuera y me traían artículos con una mirada interesante, no tradicional. No era lo mío trabajar litigando en un estudio”. Fue entonces que, de la mano de autoras como Catherine Mackinnon, encontró que la perspectiva de género era una materia pendiente en nuestro país. “En ese momento era imposible leer una autora como ella en la facultad”, cuenta.

Fue entonces que el deseo de estudiar en el exterior se abrió ante ella con fuerza y se mudó a Inglaterra en 2001. Antes de viajar para realizar su maestría (ver recuadro), formó parte de una clínica jurídica de interés público en la Universidad de Palermo, donde litigó casos con una perspectiva diferente. “Se llama ‘litigio estratégico’. Buscábamos casos donde el Estado violara derechos de grupos de modo estructural, para pedirle que los modificara a través de una política pública determinada. La sentencia de ese juez servía para afectar a un grupo de personas, es decir que terminábamos haciendo política a través de la justicia”, explica. Uno de los casos más sonantes que litigó fue el que obligó a la cadena de heladerías Freddo a contratar mujeres para el despacho de helados: “Antes no las contrataban porque consideraban que levantar los potes de producto era una actividad que no podían realizar. Ganamos el litigio y hoy las mujeres son mayoría entre sus empleados”, señala. También fue su clínica la que obtuvo una sentencia contra la empresa Telefónica, por quedarse con el vuelto de las llamadas a través de los teléfonos públicos. “Por cada una se quedaba con cinco centavos, pero multiplicá eso por miles y miles de llamadas”.

Al mando de una organización que en nuestro país tuvo aciertos y desaciertos, hoy Mariela tiene por delante un gran desafío: hacer que Amnistía Internacional crezca en la Argentina. “Actualmente tenemos 700 miembros, mientras que en España hay 85 mil. Pero mirá qué interesante: el 85% de nuestra membresía son mujeres de entre 40 y 60 años y son ellas las que se mantienen en el tiempo. ¿Cuál es la reflexión? Somos una organización de Derechos Humanos que trabaja en derecho internacional y es un hecho que existe una sensibilidad especial en las mujeres en este sentido”.

−Muchas veces los temas que instala Amnistía públicamente resultan polémicos para algún sector. ¿Cómo se maneja ese tema dentro de la organización? 

−Nuestra agenda está marcada por la coyuntura. Hay que salir a hablar de diversos temas y ver cómo hacerlo. Nuestra coyuntura es que hoy todavía terminás estando de un lado o del otro y es muy delicado para nosotros, porque nuestro espíritu es no estar en ningún lado, somos apolíticos y apartidarios.

−Todos los días se propone al menos un debate. ¿Cuál es la intención?

−Queremos debatir porque eso hace que la sociedad madure. Nuestro deber es informar, dar nuestro punto de vista y después respetar lo que piensa el resto. ¿Cuándo te hubieras imaginado que la Argentina iba a estar preparada para debatir el matrimonio igualitario? Y ocurrió. Las sociedades democráticas con concepciones de democracia robusta, tienen que poner los temas en debate. La violencia de género, los conflictos indígenas, los programas de salud sexual y reproductiva, las condiciones de detención en las cárceles y al acceso a los derechos de los presos, son asuntos sobre los que debemos hablar, debatir, discutir y encontrarnos.

−Cuando se manifestaron contra la detención de Milagro Sala a una gran parte de la opinión pública no le gustó nada la postura de Amnistía…

−Amnistía Argentina es parte de Amnistía Internacional. Las decisiones no las tomo sola en mi escritorio, son colectivas. Todo pasa por Inglaterra, donde se mira la línea política y jurídica de lo que se sale a decir. Por eso a veces nuestra postura parece poco simpática para mucha gente, pero tomamos decisiones jurídicas en materia de Derechos Humanos, no hacemos valoraciones políticas. Nuestra postura es que no era correcto que se detuviera a una persona mientras protestaba en una plaza, porque se está violando el derecho a la protesta. Amnistía no analiza quién es Milagro Sala o qué hizo con los fondos públicos, esa valoración debe hacerla la justicia. Mucha gente salió a las redes a repudiar nuestra postura, fue un momento difícil. Por eso es importante que quede claro que no somos pro nada: defendemos los derechos de los palestinos o de los israelíes, cuando unos vulneran los derechos de los otros.

−¿Cómo es la relación con el nuevo gobierno?

−Estamos evaluando cuál va a ser su política y su agenda de Derechos Humanos, todavía no la conocemos. No apareció aun como una prioridad, salvo durante la visita de los presidentes de Francia y de Estados Unidos. Sabemos del valor que tiene el trabajo de Memoria, Verdad y Justicia en el exterior; Argentina es muy valorada por su historia y su trabajo en ese sentido. Estela de Carlotto es una gran referente y la hemos llevado a Ginebra porque en Sri Lanka atraviesan un proceso muy parecido al que ya vivimos nosotros y las madres y abuelas de allá querían escucharla para inspirarse. Nuestra experiencia post dictadura es lo que más hemos exportado en la agenda de DDHH a nivel mundial.

−¿Algún gesto para destacar?

−Haber designado a Fabiana Túñez al mando del Consejo Nacional de las Mujeres, porque viene de la sociedad civil y la respetamos mucho. Eso nos da optimismo. De todos modos nos preocupa cuál será la respuesta del gobierno al pedido Ni una menos. El tema de violencia de género es estructural en nuestro país y necesitamos una política de Estado que contenga esta situación y la resuelva, convirtiendo el tema en prioritario. Todavía no la hemos visto, la estamos esperando, porque cuando las causas tienen atrás una movilización de mucha gente pidiendo respuestas, hay que prestar atención. Es poco inteligente no capitalizarlo.

−¿Y qué lectura podés hacer de este inquietante momento que atraviesa la justicia argentina?

−El poder judicial es un órgano político, entonces cuando el sistema político es deficitario, el judicial tiene mucho para aportar. Creo que el Programa de Reforma de la Justicia 2020 es interesante. Pero la corporación judicial es muy difícil, ha ganado muchas batallas y creo que el gobierno tiene el desafío de ver cómo trabaja con ella. La sociedad ve a la Justicia de lejos, como algo difícil de entender. Hay que acercar los temas judiciales a la sociedad para que sea parte.

−Por último, ¿cuáles han sido los mayores aprendizajes en todo este tiempo?

−Aprendí a aprender. A ser creativa, que es lo más importante de todo. A estar más abierta, antes era muy negada a lo nuevo y solo quería leer papers de Derecho para saber más y más. Tuve que entender que si quería hacer llegar un mensaje, de nada servía un informe de investigación de cuarenta páginas, así que me animé a las nuevas tecnologías y ahora sé volcar las ideas más importantes en un archivo GIF. Este trabajo hizo más versátil, más tolerante, más empática. Aprendí a escuchar, a trabajar en red, a delegar, a ser generosa con la gente de mi equipo y a impulsarla a crecer. Y como mamá, aprendo todos los días a aprovechar al máximo el tiempo que tengo con mi hija.

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