Por qué el lenguaje que utilizamos al hablar de las personas refugiadas importa – Amnistía Internacional Argentina | Defendemos los derechos humanos

Por qué el lenguaje que utilizamos al hablar de las personas refugiadas importa


La novela distópica de George Orwell 1984 empieza con Winston Smith escribiendo en su diario sobre una película que ha visto. “Había una muy buena de un barco lleno de refugiados que lo bombardeaban en no sé dónde del Mediterráneo”, escribe. “Al público le divertían mucho los planos de un hombre muy grande y muy gordo que intentaba escapar nadando de un helicóptero que lo perseguía. Primero se le veía en el agua chapoteando como una tortuga, luego lo veías por los visores de las ametralladoras del helicóptero, luego se veía cómo lo iban agujereando a tiros y el agua a su alrededor que se ponía toda roja y el gordo se hundía como si el agua le entrase por los agujeros que la habían hecho las balas.”

Esta semana ha aparecido un vídeo en el que se ve un barco de la guardia costera griega que parece estar intentando hacer zozobrar en el mar una embarcación llena de personas refugiadas y a la guardia costera disparando al agua cerca de su bote salvavidas.

El incidente no sucede en la Oceanía de 1984. Sucede en la Europa de 2020.

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Según la información disponible, tuvo lugar el lunes en el litoral turco. Se produjo en medio del creciente enfrentamiento que mantienen Turquía y la Unión Europea desde que el presidente Erdogan tomara la decisión de permitir a las personas refugiadas y migrantes dirigirse a las fronteras terrestres y marítimas de Turquía con la UE en Grecia y Bulgaria.

Y como a los espectadores de la película de Orwell, hay a quien le “divierte mucho”. Un famoso comentarista de derechas ha tuiteado el vídeo con la leyenda: “Quiéreme un poquito, guardia costera griega. Vamos, maravillosas gentes de Grecia. Engrasaos los muslos. Ataos las correas de las botas. Mostrad vuestra furia contra la invasión.”

Este lenguaje de invasión se repite en los titulares de todo el mundo cuando la prensa informa de que Grecia está siendo “sitiada” por “enjambres” o “torrentes” de migrantes. Incluso el New York Times llevaba el martes un pie de foto que rezaba: “Las autoridades griegas han utilizado gas lacrimógeno y balas de goma para repeler a las hordas.”

Llevando la analogía militar aún más allá, un portavoz del gobierno griego, Stelios Petsas, explicó que el país se enfrentaba a una “amenaza asimétrica” a su seguridad y anunció que Atenas había enviado aviones de combate a las islas del Egeo oriental.

Este lenguaje de invasión se ha vuelto cada vez más corriente en boca de líderes populistas de todo el mundo. Este populismo aviva la xenofobia y un peligroso nacionalismo con el fin de conseguir y mantener el poder, levantando para ellos vallas y muros que son una encarnación de sus prejuicios.

Como Filippo Grandi, alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ha observado recientemente, tal lenguaje no sólo es totalmente incorrecto, sino también extremadamente peligroso. “Es ese tipo de lenguaje que estigmatiza a los refugiados, los migrantes y otras personas en movimiento, que da legitimidad a un discurso de racismo, odio y xenofobia”, ha afirmado.

En la isla griega de Lesbos, frente a cuya costa se ahogó un muchacho el lunes, un pequeño grupo de isleños han impedido atracar a embarcaciones de personas refugiadas. Se han recibido informes sobre profesionales de la salud, periodistas y personal de ayuda humanitaria que han sufrido violentos ataques de grupos parapoliciales. Esta semana, la ONG Médecins Sans Frontières se ha visto obligada a suspender sus actividades durante dos días debido al aumento de la tensión en la isla.

La creciente frustración manifiesta en Grecia tiene su origen en las deficiencias del sistema europeo de asilo y en el hecho de que no exista un sistema de reparto de la responsabilidad de las personas solicitantes de asilo entre los Estados europeos. Como consecuencia de ello, se ha dejado en gran medida que sean los países costeros –Italia, Grecia, Malta– los que se ocupen de la situación. Unos cuantos países han bloqueado los intentos del Parlamento Europeo de reformar el Reglamento de Dublín.

En vez de intentar reparar este sistema roto, que defrauda a los Estados de la UE que están en primera línea y a las personas que buscan seguridad, los líderes conservadores de Europa se desentienden del problema. Esta actitud ha creado un vacío que el populismo se ha apresurado a llenar

Si no se lo combate, determinará el diálogo y el lenguaje que empleamos, propagando el miedo y utilizando los prejuicios como arma.

Pero en vez de mantener a las “fuerzas oscuras” a raya, la fortaleza que Europa está levantando a su alrededor nos está recluyendo cada vez más en una prisión populista basada en el miedo.

Setenta años después de la publicación de 1984, muchos aspectos de la visión de Orwell –desde la vigilancia masiva omnipresente hasta la influencia sigilosa de la neolengua– se han convertido en moneda corriente. Debemos actuar para asegurarnos de que el trato que dispensamos a las personas refugiadas que huyen de la guerra y la miseria no se vuelva también distópico.

Este artículo apareció por primera vez en Newsweek.

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