Hay que investigar por crímenes de guerra a altos mandos del ejército




·        Entre los atroces crímenes de guerra cometidos por el ejército de Nigeria se encuentra la muerte de 8.000 personas asesinadas, muertas de hambre, asfixiadas y torturadas hasta morir;
·        Es preciso investigar a altos mandos del ejército, cuyos nombres ha facilitado Amnistía Internacional, en relación con crímenes de guerra y posibles crímenes de lesa humanidad;
·        El nuevo gobierno debe garantizar la protección de la población civil y poner fin a la cultura de la impunidad en las fuerzas armadas nigerianas.

El ejército nigeriano, incluidos altos mandos militares, debe ser investigado por su participación, aprobación o falta de prevención respecto a la muerte de más de 8.000 personas asesinadas, muertas de hambre, asfixiadas y torturadas hasta morir, según expone un detallado informe publicado por Amnistía Internacional.

Basándose en años de investigación y análisis de datos e indicios –incluidos informes y correspondencia militares filtrados, así como entrevistas con más de 400 víctimas, testigos presenciales y altos mandos de las fuerzas de seguridad– la organización describe una serie de crímenes de guerra y posibles crímenes de lesa humanidad cometidos por el ejército nigeriano en el transcurso de la lucha contra Boko Haram en el nordeste del país.

El informe, Estrellas en los hombros, sangre en las manos. Crímenes de guerra cometidos por el ejército nigeriano, revela que, desde marzo de 2011, más de 7.000 jóvenes y niños han muerto bajo custodia del ejército, y más de 1.200 personas han sido víctimas de homicidio ilegítimo desde febrero de 2012.

Amnistía Internacional proporciona pruebas concluyentes de que es necesario llevar a cabo una investigación sobre la responsabilidad, tanto individual como de cadena de mando, de los soldados, los mandos intermedios y los altos mandos del ejército. El informe describe las funciones y las posibles responsabilidades penales de los distintos eslabones de la cadena de mando –hasta llegar a los jefes del Estado Mayor de la Defensa y del Estado Mayor del Ejército–, y cita los nombres de nueve altos mandos militares que deben ser investigados por su responsabilidad, tanto individual como de cadena de mando, respecto a los crímenes cometidos.

Las pruebas ponen de manifiesto la manera en que miles de jóvenes y niños han sido detenidos arbitrariamente y han sido víctimas de homicidio deliberado, y muestran cómo a muchos los han dejado morir bajo custodia en las condiciones más atroces. Estos datos proporcionan un fuerte motivo para investigar la posible responsabilidad penal de miembros del ejército, incluidos los de más alto nivel.

Amnistía Internacional pide a Nigeria que garantice que se somete a investigación inmediata, independiente y efectiva a los siguientes mandos militares, por su posible responsabilidad individual o de cadena de mando por los crímenes de guerra de asesinato, tortura y desaparición forzada detallados en este informe:

Amnistía Internacional pide asimismo a Nigeria que garantice que se llevan a cabo investigaciones inmediatas, independientes y efectivas sobre los siguientes altos mandos del ejército por su posible responsabilidad de cadena de mando respecto a los crímenes cometidos por sus subordinados. Estos altos mandos serían responsables si tuvieron o deberían haber tenido conocimiento de la comisión de crímenes de guerra y no tomaron medidas adecuadas para impedirlos o para garantizar que los presuntos autores comparecen ante la justicia:
Muertes masivas bajo custodia
En su respuesta a los ataques de Boko Haram en el nordeste, el ejército nigeriano ha detenido desde 2009 al menos a 20.000 jóvenes y niños, algunos de tan sólo nueve años. En la mayoría de los casos, las detenciones fueron arbitrarias, basadas a menudo exclusivamente en la palabra de un solo informador secreto no identificado. La mayoría de los detenidos fueron aprehendidos en operaciones masivas de "filtrado" o en redadas de "acordonamiento y registro" en las que las fuerzas de seguridad detuvieron a centenares de hombres. Casi ninguno de los detenidos ha comparecido ante un tribunal, y todos han sido recluidos sin las salvaguardias necesarias frente al asesinato, la tortura y los malos tratos.Los detenidos permanecen recluidos en condiciones de hacinamiento extremo en celdas sin ventilación, sin instalaciones higiénicas y sin apenas comida o agua. Muchos son torturados, y miles han muerto a consecuencia de los malos tratos y las pésimas condiciones de reclusión. Un ex detenido contó a Amnistía Internacional: “Lo único que sé es que, una vez que los soldados te detienen y te llevan a Giwa [el cuartel militar], se acabó tu vida.”

Un alto mando militar dio a Amnistía Internacional una lista de 683 detenidos que habían muerto bajo custodia entre octubre de 2012 y febrero de 2013. La organización ha obtenido también datos según los cuales, en 2013, más de 4.700 cadáveres fueron llevados a una morgue desde un centro de detención en el cuartel de Giwa. Únicamente en junio de 2013, se llevaron a la morgue más de 1.400 cadáveres desde ese centro.

Un ex detenido que pasó cuatro meses recluido ha descrito cómo, a su llegada, "los soldados dijeron: Bienvenidos a la casa de la muerte Bienvenidos al lugar donde moriréis.” De las 122 personas detenidas con él sólo 11 sobrevivieron.

Hambre, deshidratación y enfermedad 
Los investigadores de Amnistía Internacional vieron cadáveres demacrados en las morgues, y un ex detenido de Giwa dijo a la organización que, en su celda, unas 300 personas habían muerto tras negárseles el agua durante dos días. "A veces bebíamos orina de la gente, pero había veces que ni siquiera se podía conseguir orina."

Los testimonios de ex detenidos y testigos presenciales han sido corroborados también por fuentes de los escalafones más altos del ejército. Un alto mando militar dijo a Amnistía Internacional que los centros de detención no reciben dinero suficiente para comida, y que a los detenidos del cuartel de Giwa se la dejaba "morir de hambre deliberadamente".

Las enfermedades –incluidos posibles brotes de cólera– proliferan. Un agente de policía asignado a un centro de detención conocido como la "Casa de reposo" en Potiskum dijo a Amnistía Internacional que en el campo y sus alrededores había más de 500 cadáveres enterrados. "No los llevan al hospital si enferman, ni tampoco al depósito si mueren", dijo.

Hacinamiento y asfixia 
Las condiciones de reclusión en el cuartel de Giwa y en los centros de detención de Damaturu eran de un hacinamiento tal que cientos de detenidos permanecían amontonados en pequeñas celdas en las que tenían que turnarse para dormir o incluso para sentarse en el suelo. En su momento culminante, el cuartel de Giwa ­--que no se construyó como centro de detención­--­ daba cabida a más de 2.000 detenidos al mismo tiempo.

“Cientos de detenidos han muerto bajo custodia, por disparos (de los soldados) o por asfixia", dijo un oficial del ejército a Amnistía Internacional, describiendo la situación del centro de detención Sector Alfa (conocido como "Guantánamo"). Amnistía Internacional ha confirmado que, en un solo día, el 19 de junio de 2013, 47 detenidos murieron allí de asfixia.

Fumigación 
Para combatir la propagación de enfermedades y disimular el hedor, las celdas son fumigadas periódicamente con productos químicos. La fumigación puede haber dado lugar a la muerte de muchos detenidos en esas celdas escasamente ventiladas. Un militar destinado en el cuartel de Giwa dijo a Amnistía Internacional: “Muchos sospechosos de pertenecer a Boko Haram han muerto a consecuencia de la fumigación. Fumigaban con las sustancias químicas que se utilizan para matar mosquitos. Son muy fuertes. Es muy peligroso".

Tortura 
Amnistía Internacional ha recibido informes constantes, y testimonios en vídeo, de la tortura infligida por los militares durante la detención y después de ella. Ex detenidos y fuentes de los altos escalafones del ejército han descrito cómo se torturaba habitualmente a los detenidos hasta causarles la muerte: los colgaban de palos encima de hogueras, los arrojaban a pozos profundos o los interrogaban utilizando porras eléctricas. Estos testimonios coinciden con los patrones generalizados de tortura y malos tratos documentados por Amnistía Internacional durante varios años, y publicados recientemente en el informe de 2014 Bienvenidos al fuego del infierno: Tortura y otros malos tratos en Nigeria.

Ejecuciones extrajudiciales 
Más de 1.200 personas han sido víctimas de homicidio ilegítimo a manos del ejército y milicias asociadas en el nordeste de Nigeria. El caso más grave documentado por Amnistía Internacional tuvo lugar el 14 de marzo de 2014, cuando el ejército mató a más de 640 detenidos que habían huido del cuartel de Giwa tras un ataque de Boko Haram.

Muchos de estos homicidios parecen ser represalias tras ataques de Boko Haram. Un alto mando del ejército dijo a Amnistía Internacional que ese tipo de homicidios eran algo habitual. Los soldados "van al lugar más cercano y matan a todos los jóvenes [...] La gente a la que matan muchas veces es inocente y no está armada", dijo.

En una operación calificada como "de limpieza" tras un ataque de Boko Haram contra Baga el 16 de abril de 2013, un alto mando del ejército dijo a Amnistía Internacional que los militares habían "transferido su agresión a la comunidad". Al menos 185 personas perdieron la vida.

También a los detenidos se les daba muerte de manera casi sistemática. Un militar con base en el cuartel de Giwa dijo a Amnistía Internacional que, desde que terminó 2014, muy pocos sospechosos eran puestos bajo custodia; en lugar de eso, los mataban de inmediato. Esto fue confirmado por varios defensores de los derechos humanos y testigos.

Los altos mandos militares conocían los crímenes 
Los escalafones más altos del ejército nigeriano, incluidos el jefe del Estado Mayor del Ejército y el jefe del Estado Mayor de la Defensa, eran informados regularmente sobre las operaciones llevadas a cabo en el nordeste de Nigeria.

Los indicios muestran que los altos mandos militares conocían, o deberían haber conocido, la naturaleza y la magnitud de los delitos que se estaban cometiendo. Hay documentos militares internos que muestran que esos altos mandos, a través de los informes diarios, las cartas y los informes de evaluación enviados por los comandantes de campo a las jefaturas de la Defensa y del Ejército, tenían conocimiento del elevado número de muertes entre los detenidos.

Amnistía Internacional ha visto numerosas peticiones y recordatorios enviados por los comandantes de campo a la jefatura de la Defensa advirtiendo del aumento del número de muertes bajo custodia y de los peligros de la fumigación, y solicitando que se trasladara a los detenidos. Además, los informes de los equipos enviados a la jefatura de la Defensa para evaluar las instalaciones militares y "verificar los datos" subrayan los índices de mortalidad y advierten de que el hacinamiento estaba causando graves problemas de salud y podría dar lugar a "una epidemia".

Amnistía Internacional ha verificado a partir de diversas fuentes, entre ellas entrevistas con altos mandos militares, que las altas instancias sabían lo que estaba sucediendo y optaron por no actuar. Una fuente militar dijo a Amnistía Internacional: “Los de arriba lo veían, pero no hicieron nada al respecto".


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